co.bas Canarias
8 DE MARZO
100 AÑOS DE LUCHA
Este año conmemoramos el centenario de la adopción del 8 de marzo como Día de la Mujer Trabajadora. Y en un día de lucha como hoy no podemos evitar hablar de la crisis económica y de las incuestionables consecuencias que está teniendo sobre las trabajadoras y los trabajadores.
Es evidente que una crisis, que afecta a todos los sectores, causará mayores daños a las personas peores situadas. Es por ello que las mujeres, como colectivo socialmente discriminado, nos vemos afectadas de manera especial, ya que cabe recordar que el 90% de las familias mono parentales, está compuesta por mujeres solas, con uno o más hijos a su cargo. Así, cuando hablamos del gran grueso de familias donde ningún miembro trabaja, podemos mirar sin duda hacia estas familias mono parentales encabezadas por mujeres que están viviendo una auténtica situación de penurias. Asimismo, las mujeres seguimos siendo sujetos de contratos precarios y de condiciones laborales lamentables.(...)
Por otra parte, cabe recordar que el sector del servicio doméstico y cuidado de personas dependientes en la familia, es uno de los que concentra un mayor índice de precariedad y que forma parte de la economía sumergida, es decir, no aparece en las estadísticas laborales. Además, hay que tener en cuenta que el trabajo doméstico no remunerado que se nos impone como carga familiar implícita en las obligaciones femeninas, hace que seamos objetos de los recortes en servicios estatales y que tengamos que soportar las dificultades domésticas, que a menudo crean situaciones de dependencia económica. Son estas situaciones las que nos impiden escapar de los casos de violencia de género doméstica, los cuales pueden venir provocados por el aumento del paro masculino, ya que a ellos también les han hecho creer que la identidad masculina se basa en el papel de los hombres como jefes de familia y principales impulsores de la economía familiar. De esta manera, eso entre otras cosas, hace que también nuestros compañeros se vean afectados por el patriarcado, este sistema sexo-género de dominación masculina en que vivimos.
Actualmente, vemos cómo en este panorama se suma, además, la polémica sobre el aborto, cuestionando de nuevo el derecho de las mujeres a decidir libremente en base a unas posibilidades materiales para todas, y no sólo para las adineradas que pueden costearse clínicas privadas. En este ámbito, hemos visto cómo a partir de leyes que quieren mostrarse reguladoras del aborto, se esconde un aparato que nos limita la libertad sobre nuestro propio cuerpo, decidiendo sobre algo que nos incumbe únicamente a nosotras mismas. Todo ello se evidencia con las movilizaciones pro-vida. Por otro lado, también se ha hablado últimamente de la polémica sobre la prostitución. Vemos como asistimos a una política hipócrita de rechazo de las mujeres que ejercen el trabajo sexual: los políticos se desentienden y obvian el tráfico oculto de mujeres, prohibiendo ejercer la prostitución en espacios públicos, y perpetuando este tráfico de mujeres, no regularizando el trabajo sexual, ni haciéndose cargo de esta realidad.
Estas cuestiones como el aborto, la prostitución o la violencia de género física son las más fáciles de detectar para todos y de transmitir a través de los medios de comunicación. Sin embargo, existen efectos del patriarcado más normalizados en nuestro día a día y menos perceptibles, como por ejemplo la presión estética que las mujeres nos vemos sometidas. Se nos educa para alcanzar el ideal de belleza que ha de agradar a los hombres, haciéndonos creer que es importante nuestro aspecto exterior y, a menudo, limitando nuestro valor como personas tan sólo al aspecto físico. Se nos enseña desde muy pequeñas a ser dulces, serviciales y comprensivas, lo que en muchos casos nos lleva a ser inseguras y dependientes con nuestro entorno y, en consecuencia, también con nuestras relaciones de pareja. Es necesario que, para construir unas relaciones libres en la que podamos disfrutar de un intercambio afectuoso recíproco y una sexualidad sana, aprendamos a deshacernos de los estereotipos que marcan la pauta de nuestro día a día, así como los roles de género que condicionan el comportamiento tanto de los hombres como de las mujeres.
De esta manera es como comprendemos que el patriarcado es un sistema que nos afecta no sólo hoy, día 8 de marzo, sino que condiciona todos los aspectos de nuestra vida, y es necesario que para abandonar esta opresión, luchamos para deshacernos no sólo de las cuestiones más visibles sino también de las que conforman la base de este sistema y que, en muchos casos, no son reconocidas como propias del patriarcado. Hay, pues, que reivindicar nuestros derechos no sólo hoy, sino en cada momento y durante los 365 días del año.
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